martes, 1 de agosto de 2006

Ciudad

Levanto la mirada y se me antoja mi ciudad una maqueta. 

Mi barrio, de casas de muñecas, irreal, ambiguo, como si todas las fachadas fueran un decorado de dibujos animados, y pienso que solo soy un juguete de trapo en una noche falsa, con la luz inexistente de los faroles de corcho. Y que dentro de poco los árboles serán de PVC o algo parecido para que nunca se les caigan las hojas, y para que nunca sea invierno.

Es el suelo una esponja sólida por la que me gustaría caminar descalza y trepar allí donde se confunde con las paredes.

Sí, a menudo, en verano, y de noche, mi ciudad parece el juguete de un niño despistado, que ha dejado descuidados sus elementos, desordenados, sutiles, inmóviles dentro de una burbuja a la que no llega el aire real.


He tenido esa sensación a veces, y entonces mi piel se aisla también de todo y el aire no me toca. Y me siento flotar en la irrealidad mágica de lo falso.