El muñeco fue
el primero en cerrar los ojos. El
balón de fútbol, el coche teledirigido y los peluches que había sobre la
cama lo hicieron a continuación, uno por uno, mientras el chico recogía sus
cosas. Cuando terminó, el muchacho, desde la puerta, miró por última vez el
cuarto. Apagó la luz y salió de la casa con el petate al hombro.