En
mi próxima vida quiero ser témpano. Un trozo de hielo apenas sujeto a una viga
del porche de alguna casa de montaña. Sin pensar, sin moverme, contemplando el
mundo sin sentir nada. Desde mi posición privilegiada, veré caer la nieve y
helarse los campos, las briznas de hierba se volverán duras y blancas; el
propio frío me hará más grande y más fuerte, me alimentará hasta hacer de mí el
fragmento más duro de hielo que nunca se haya visto. Solo cuando salga el sol,
ese enemigo que siempre temo, solo en ese momento, justo antes de gotear el
alma hasta el suelo, recordaré que, antes, en otra vida, y tal vez un día como
hoy, fui un agua cambiante según los caprichos de la lluvia o el río o el
viento.
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